La desdichada

Editorial primera Guerra Mundial Imagen

 

Mientras nos hablaban en el gran salón de la planta baja del castillo, vimos entrar por la puerta del fondo a la reina Victoria Eugenia, acompañada de tres lebreles y llevando un ramo de rosas entres sus manos que eran muy bonitos. Aquel ramo de rosas, aquellos lebreles, aquel vestido de muselina, aquel gran sombrero de lana y el efecto de la luna sobre la pared del fondo, ¿Dónde la había visto yo antes? Naturalmente era una entrada dramática y todo era artificial ¿ Era victima de un sueño? ¡ Decididamente no! Era la reproducción exacta de la porta de Vogue, 1916, Encantada por la aparición, espiaba en sus ojos el efecto producido. Debió decepcionarse, se me acerco para besarme la frente; se retiro el chal que sujetaba con su brazo moviéndolo con precaución. Estaba descalza, andando como si nada importara , algunos arboles estaban cubiertos de frutos luminosos; otros tenían bayas de color violeta. Monos Guacamayos y loros vivos animaban el verdor que parecía la entrada de un parque profundo. En el fondo estaba yo tan diminuto como solo yo me sentía.

Estaba penetrado en un jardín oscuro y misterioso. Las alfombras recubrían las gradas de la escalinata y la arena de las avenidas, de manera que el ruido de los pasos quedaba amortiguado y reinaba el gran silencio.

Al alba se podían ver pintores, vestidos de blanco, como un equilibrista o un malabarista de profesión, divirtiendo y asombrando a la multitud, haciendo parecer y desaparecer las cosas.

La asistencia estaba compuesta de artistas y espíritus delicados que se ponían de acuerdo y que intentaban aumentar con su presencia el interés de aquella grandiosa solemnidad.  Era contradictorio ver tan armoniosidad en esta mujer, era desgarrador ver su majestad y dulzura, era difícil de expresar, pues ninguno que haya vivido a través de la guerra habría sido consciente de que las mujeres Europeas había tenido que cambiar por la simple necesidad de asumir responsabilidades y posiciones fuera de la casa, que eventualmente eran hechas por el hombre, y verla a ella era la mejor representación.

Le llamaban la mas desdichada, nunca tuvo amigos y su esposo le era infiel, su vida no era mas que una tragedia de principio a fin, Imagen

pero verla allí, me hacia dudar lo que pensaba de ella. Sabia que era una mujer culta de ideas liberales, pues lo demostraba, su amor por la moda y las joyas la convirtió en lo que ahora estaba representando, una portada.

 

Mi interés en ella era tan grande que podía leer en sus labios lo que decía…“ Mi marido en estos momentos se esta acostando con otra mujer. Sus manos largas y huesudas, sus dedos manchados de nicotina habrán tirado con brutalidad la colcha de raso de color verde de la cama al suelo y, mientras se va desbrochando el cinturón, estará besando a Neneta en el Hombro” (Pilar Eyre, Ena la novela) . Naturalmente cuando ella quería, quería para toda la vida y de esta forma lo logro. Su imagen no eran mas que un símbolo de desafío y de libertad con la que diariamente actuaba y que mejor que ella para representar una portada, que aunque a pesar de su trágica vida, llevaba además una apatía y depresión que le pesaría toda la vida.

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

  • Ena. La novela, Pilar Eyre

 

WEBGRAFIA

  • Vanitatis Miriam Rubio – 06/02/2009Imagen
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