¿Quiénes eran?

Imagen

“Cindy Crawford, Linda Evangelista, Kate Moss y Naomi Campbell”

 Imagen

Se presentan vestidas cada una con una falta hippie y una camiseta infantil, el pelo recogido con dos horquillas que dejaba al descubierto el sin fin de aretes y pendientes que les abarrotaban los lóbulos. Parecían estar guapas sin ningún esfuerzo, desenvueltas y relajadas. Las explosiones de la pantalla se reflejan como estrellas fugaces en sus ojos oscuros, verdes y azules, y sus sonrisas de complicidad son tan cálidas que algo se me derretía en el pecho. Hay algo que no me había dado cuenta justo ahora, si bien, a Cindy, no se le carcome un pedazo de labio, al contrario, una protuberancia encima de sus carnosos y rojos labios sobresale un lunar que tanto protagonismo se lleva de su rostro. Fue solo después cuando me di cuenta de que la auténtica belleza es como una corriente que necesita una toma a tierra, y son estos pequeños defectos los que lo consiguen. La marca superior es el anzuelo, el núcleo a partir del que irradia el resto.

 Imagen

Linda a su vez, se da un arreglo imperceptible en el pelo, y después hace esa mueca o gesto que hacen las mujeres después de pintarse los labios, pegándolos hacia adentro de forma que desaparecen durante un segundo. Y ahora mirando a Linda, me impresiona darme cuenta de lo grandes y extravagantes que son sus ojos, aunque nunca sepa como decirle lo hermosos y raros que son, se que su belleza no es un dominio publico y si lo dijera no estoy del todo seguro de que se lo tomara como un cumplido. 

Imagen

Y Kate, con su pelo ensalzado, descuidado, su cadera huesuda y unas ojeras marcadas bajo una piel pálida con su ausencia de maquillaje, su pelo sucio no es lo que el mundo quería ver. Y mirándola, mientras la luz de las velas baila en su tersa piel de porcelana, me pregunto si ella habría sido otro tipo de chica que aparenta. Puedo sentir la emoción descarnada, aún indefinida, embrionaria que arde en su rostro; la puedo ver reflejada en los oscuros universos gemelos de sus ojos. 

Imagen

La puerta del baño se abre y nos quedamos paralizados, Naomi, como siempre con su comportamiento de diva, me dedica una sonrisa tierna, me coge del pelo,  para mirarme cara a cara. Tiene unas sutiles patas de gallo en que nunca me había fijado. Siempre ves a la gente que quieres de la manera en que son en tu cabeza pero, de vez en cuando, sin querer, consigues verlos en tiempo real, y en esa fracción de milisegundo, mientras tu cerebro centrifuga para ajustarse a la nueva realidad, hay algo dentro de ti que se desvía bruscamente.

-Nos estamos haciendo mayores le digo…

Estándar

Planeta falto de oxígeno

Imagen

 

Chanel Fall Winter 2014/15 Ready To Wear

 

Me dirijo hacia el final del camino, manteniendo mi perfil ligeramente alzado, mientras camino con mi peculiar paso aviario, desarrollado para lucir de manera optima la línea de su vestido, todos me miran y  se a quien tengo al lado.

 No dirijo ni una sola mirada hacia los simples mortales que se hallan sentados en el pasillo; aunque no soy la única en el camino, se que alguien, por mas mínimo que sea me observa; mi atención se focaliza por completo en el arsenal de lentes fotográficas situadas al final de la pasarela, que lanzaran mi imagen al torbellino global de los medios de comunicación en el preciso instante en que me de la vuelta para volver sobre mis pasos.

 Hago una pausa al final de mi decidida marcha, adelanto una pierna y coloco una mano en mi cadera que sobresale, y con la otra, lo agarro aun mas fuerte, finalmente, sonrío mientras los flashes destellan mi alrededor como los relámpagos de una tormenta de verano.

 

Tras darle al publico lo que deseaba, giro imperiosamente (sin parecer lo suficientemente torpe) balanceando su mano para parecer aun mas relajada, pero su mano esta igual o peor de firme que la mía, les arrojo una despectiva mirada de inaccesibilidad, antes de reanudar mi marcha llena de determinación para regresar a ese planeta falto de oxigeno en el que solo habitamos modelos, diseñadores de moda y multimillonarios.

Sonrío. Es verdad, las probabilidades de que haga el ridículo cada vez son mas, pero lo observo, sus ojos están serenos, aunque su mano me aprete cada vez mas fuerte, se que aun no tiene miedo, quién sabe qué estará pensando, su mirada se pierde en el viento y se agitan junto a quién sabe qué pensamientos. Yo soy feliz de verlo así de sereno, se vuelve de repente, me mira y parece leerme el pensamiento. No dice nada, y en sus ojos hay un autentico deseo, una ligera nostalgia, una media sonrisa, un entusiasmo empañado, tal ves una cosa que se muere por decir pero no puede.

 

 

 

 

 

 

Referencias

Editorial Planeta. EP. (EP) . El paseo. Diagonal 662, 08034. Barcelona, España.

 

Estándar