Aves del Paraíso

 

Era un individuo impertinente e inquietante, no estaba nunca sin hacer nada, no se le veía quieto. Sabia que estaba al lado de una hermosa mujer, de un hermoso lugar y con una labor especifica.
Sentía como sus manos pasaban por él, por su cara, por su cuerpo, por su torso, como lo acariciaba con tantas ganas intentando que le agradase, quería que todo saliera bien, se esforzaba por ello , retrataba con sus manos la realidad, y lo que iba  a pasar… Se veía como forzaba su sonrisa, su porte, su elegancia, aunque muchas veces haya querido jorobar su espalda, observaba la perfección de lo aparentemente imperfecto y la armonía de lo perfecto, sus palabras sacudían  miles de instantes, una experiencia incierta, no sabíamos que deparaba pues era ella  su musa la que engancha su alma.
Alguien tenia que decirle lo encantadora que se veía, salía de la tierra como naciendo, se entregaba a la mímica desenfrenada, humana, patética y desgarrada, para así volver de la nada con una majestad y dulzura que no sabia expresar.
 
Él sabia su poder, sabia de su majestad inherente a la realeza, su obsesión por tener plumas representaba la regeneración de la naturaleza, elevándose desde la carne hasta la fertilidad de la vida. Veía como cada partícula de su cuerpo , de su plumaje, combinaba perfectamente con el de ella, era una sincronización voyerista de encuentros. 

 

Imagen

No tenia mas que su contra mirada en esta amplia gama de escenas, ella lograba pasar desapercibida como una cazadora de imágenes. Esta faceta generaba un espectáculo que en algunos casos, vivía su existencia a través del registro de vidas ajenas escondiendo la soledad forzosa de las inmensas ciudades en las que se pude a la vez estar solo, pero rodeado de gente.

¿Saben lo que es mirarse en el reflejo y por fin reconocer la imagen desgarradora retratada?

La veía a ella en él, veía como galopaba sobre él, ¡sí!, sobre un pavo, uno real, uno donde confundía plumas con piel, donde dos eran uno, donde descansaba sobre su sedosa y blanca cola.

Querían generar una identificación en la transmisión de la imagen, querían verse plasmados en una imagen que reflejara a dos en uno. Que quien quisiera verlo se viera así mismo y se consumiría en un amor propio.

 Es así como dos objetos completamente extraños que usualmente repelen producen una especie de asimilación y de digestión que hace que sus cuerpos derramen como un fluido la belleza que esta en su interior.

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

  • “Vistiendo la época” PAUL POIRET , PARSIFAL EDICIONES, 1989, capitulo XI

 

 

Webgrafía

 

  • Estilo G, 2013

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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